🐝 | «Las abejas no son indispensables, son sagradas», lo dice un apicultor de nacimiento

Esta popular frase le sale del corazón a un apicultor de nacimiento, un hombre que vive para ser un servidor de las abejas y que hoy en día se siente muy orgulloso de su importante labor.

El señor César Sánches, es una persona dedicada a las labores del campo desde su infancia, es natural de la ciudad de Pereira, Risaralda, Colombia, él se ha dado a la tarea de dedicar unas palabras al mundo para recalcarnos la importancia que tienen las abejas en nuestras vidas.

«Cuando tenía entre seis o siete años supe por primera vez lo que era una picadura de abeja. Lo recuerdo muy bien porque me tocaba ayudar a mi padre en la tarea de escastrar (proceso de extracción de la miel de las colmenas) las colmenas, prácticamente mi tarea era echar humo y mantenerlo activo».  

Por estos tiempos de dificultad mundial, es donde la humanidad ve la necesidad de respetar y cuidar con responsabilidad los ecosistemas naturales, porque si hay algo cierto es que si seguimos deteriorando nuestra naturaleza vendrán consecuencias mortales para todos.

«Agradezco enormemente las enseñanzas de mi padre que en su «escasa» preparación académica, pero lleno de una inmensa sabiduría, me enseñó, por allá en los años 70, que las abejas son sagradas, que hay que quererlas y protegerlas».  

Este apicultor colombiano recuerda con fervor una particular historia que su padre le contó hace muchos años, y la rememora para darnos a entender los secretos que tiene este hermoso arte:

«Recuerdo, cómo él, hablaba con ellas y mi asombro era saber que, a él, no le picaban. Él me dijo un día: las abejas son sagradas y me contó la siguiente historia. “Debes de respetar lo que hacen las abejas si no quieres que una afectación llegue a su apiario, pues había un señor que tenía unas colmenas y cegado por la ambición del dinero decidió hacer una bebida alcohólica con la miel de las abejas y que su invento fue novedoso e incluso lucrativo en su comienzo, pero que poco las colmenas se fueron menguando porque algunas se enfermaron y perdieron la vida y otras se fueron, al punto de quedarse sin abejas y que nunca más fue capaz de tener otro colmenar».  

El señor Cesar, confiesa que para él no es de mucho agrado el convertir un producto tan vital y sagrado en productos de belleza o de cuidado personal, así como también en licores, es decir la fabricación de productos que alteran la materia prima y que se hacen llamar “innovadores” en esta sociedad altamente consumista.

«Considero que la miel, el polen, el propóleo, la jalea real y el pan de abejas, deben ser respetados y acatados como elementos medicinales sin alterarles su naturalidad ya que es un proceso laborioso que ni la más alta tecnología actual y futura será capaz de imitar».  

Este es la manera de pensar de este apicultor de corazón y de nacimiento, que lleva en su corazón este importante arte y que sabe que daría su vida por sus abejas. él hoy nos invita a reconocer la importancia de estos inofensivos seres vivos que con su arduo trabajo le dan vida al mundo.

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