20 Frases de Baudelaire, autor de Las flores del mal

Charles Pierre Baudelaire nació en París en 1821 y murió en la misma ciudad el año 1867, ciudad donde descansa en el famoso cementerio de Montparnasse. Las frases de Baudelaire dan testimonio de una mente brillante, y es que se trata de uno de los autores decimonónicos más leídos y traducidos a todas las lenguas. De hecho, su obra maestra, Las flores del mal, está considerada como una obra fundamental de la literatura francesa e incluso de la literatura universal.

Las frases de Charles Pierre Baudelaire que te traemos a continuación en Frases de la Vida nos ayudan a ver el mundo tal y como lo veía el escritor, un mundo claramente influenciado por la bohemia, donde Baudelaire se movió con plena soltura, y donde  el artista encontró la inspiración del mal que le valió el sobrenombre de poeta maldito.

20 Frases de Baudelaire, autor de Las flores del mal

No se puede olvidar el tiempo más que sirviéndose de él.

Para trabajar basta con estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse.

Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: el derecho al desorden y el derecho a marcharse.

La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza.

El más irreprochable de los vicios es hacer el mal por necedad.

Una gran sonrisa es un bello rostro de gigante.

La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama.

Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.

¡Ay los vicios humanos! Son ellos los que contienen la prueba de nuestro amor por el infinito.

El amor es un crimen que no puede realizarse sin cómplice.

El odio es un borracho al fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida.

¡Qué grande es el mundo a la luz de las lámparas! ¡Y qué pequeño es a los ojos del recuerdo!

 Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos. ¡Embriagaos sin cesar! con vino, poesía o virtud, a vuestra guisa.

Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.

Lo bello es siempre raro. Lo que no es ligeramente deforme presenta un aspecto inservible.

Las naciones son como ciertas familias; solo a pesar suyo tienen grandes hombres.

La fatalidad posee cierta elasticidad que se suele llamar libertad humana.

Que procedas del cielo o del infierno, qué importa…

¡Oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso, ingenuo!

Lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar.

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