A partir de hoy, no voy a dejar que nada ni nadie me desanime

Me he propuesto invertir en mí, procurar que desde hoy mismo nadie me quite las ganas, los ánimos, la sonrisa. Digo «no» a permitir que alguien, sea quien sea, me desanime.

Desde este momento no importarán las nubes grises, los trenes que se retrasan o las piedras que quieran aparecer en el camino, porque mi día es solo mío, mi vida me pertenece y he decidido vivirla con optimismo.

Asumir este enfoque personal, este mensaje cargado de apertura, resistencia y motivación no es algo precisamente fácil. Tal y como nos explicaba Richard Lazarus, uno de los mayores expertos en temas de estrés y ansiedad, cada día surgirán las más variadas y caprichosas situaciones, imposibles de controlar en gran parte, esas que nos llenarán de contradicciones, esas que nos ocasionarán tensión, desánimo y hasta frustración.

Por otro lado, tal y como todos sabemos, el desánimo puede tener múltiples orígenes: una palabra poco acertada por parte de nuestra pareja, un comentario crítico de nuestro jefe o incluso ese contexto social y político que nos rodea, tan desbaratado y circense a veces, provoca que se nos apaguen las ganas y hasta el optimismo en un momento dado. Que esto pase es algo normal, siempre que la frecuencia no lo haga habitual ni que la intensidad lo haga un terremoto de una escala muy grande.

No podemos olvidar que el desánimo de ayer, sumado al desánimo de hoy, va creando poso. Así, y en caso de permitir que ese sustrato se vaya acumulando día tras día en el escenario de nuestra mente, lo que ocurrirá es que alimentaremos al demonio de la indefensión, y con él a la propia depresión. Sin embargo, hay buena noticia, porque existe un remedio sensacional para evitar que esto llegue a suceder: aprender a pensar mejor.

Tres sencillas claves para que nada ni nadie te desanime

  • Diálogo interno con visualización. El diálogo interno es la mejor estrategia para hacer frente a todos esos vacíos en nuestra autoestima, para tomar conciencia de todas esas piezas sueltas que nos impiden tomar el control sobre nuestra vida. Asimismo, el equipo de psicólogos británicos estableció que un modo de facilitar esta técnica era añadiendo visualizaciones positivas en nuestra mente, ahí donde hallar la calma y un escenario seguro donde encontrarnos con nosotros mismos.
  • Eres el jefe. Al diálogo interno y a la visualización le añadimos ahora una verbalización, una frase motivadora y de poder: «tú eres el jefe, tú tienes el mando y el control, que nadie te desanime, que nadie te quite ese poder». 
  • Planifica. El desánimo no solo se vence dejando a un lado a quienes osan contagiarnos con sus amarguras, con sus críticas o malas artes. Esto es importante tenerlo muy en cuenta, porque la mejor medicina para que nada ni nadie nos desanime es planificando nuestros sueños, clarificando objetivos, priorizando necesidades y deseos personales.

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