“Existe una tragedia silenciosa de la que nadie habla”, advierte una famosa terapeuta

El autor del artículo original – Victoria Pruday, de Canadá. En su sitio inglés, hay muchos artículos interesantes e importantes sobre temas similares.

Ahora mismo, en nuestros hogares vivimos una tragedia silenciosa que afecta lo más valioso que tenemos: nuestros hijos.

¡Nuestros hijos están en un estado emocional terrible!

Por otra parte, durante los últimos 15 años, las estadísticas de los trastornos mentales en los niños son aterradoras:

-Uno de cada cinco niños tiene un trastorno mental.
-La prevalencia de los trastornos por déficit de atención aumentó en un 43%.
-La prevalencia de la depresión en adolescentes ha aumentado en un 37%.
-Las tasas de suicidio entre los niños de 10-14 años aumentó en un 200%.

¿Qué más necesitamos para hacer frente a esta preocupante realidad?

No, la respuesta no es mejorar las posibilidades de diagnóstico.
No, no nacen de esa manera.
No, esto no es culpa de la escuela y el sistema.

Sí, aunque nos duela admitirlo, en muchos casos, somos nosotros, los padres quienes debemos ayudar a nuestros hijos.

¿Cuál es el problema?

Los niños de hoy están privados de los fundamentos de una infancia saludable, tales como:

-Los padres emocionalmente disponibles.
-Límites evidentes y orientación definida.
-Deberes.
-Una dieta balanceada y suficiente descanso.
-Movimiento y aire fresco.
-Juegos creativos, comunicación, tiempo de ocio.

En cambio, los niños tienen:

-Padres distraídos.
-Padres que engríen, que permiten a los niños de todo.
-Una sensación de que ellos les deben dar todo.
-Dieta desequilibrada y falta de sueño.
-Estilo de vida sedentario.
-Estimulación interminable, diversión tecnológica, satisfacción inmediata.

¿Es posible educar una generación sana en tales condiciones no saludables? Por supuesto que no.

Es imposible engañar la naturaleza humana: sin la orientación de los padres no lo pueden hacer. Como podemos ver, las consecuencias son terribles. Por la pérdida de una infancia normal, los niños pagan la pérdida del bienestar emocional.

¿Qué hacer?

Si queremos que nuestros hijos crezcan sanos y felices, tenemos que despertar y volver a lo básico. ¡No es demasiado tarde!

Esto es lo que debemos hacer como padres:

-Establecer límites y recuerde que – usted es el padre del niño, y no su amigo.
-Proporcionar a los niños lo que necesitan, no lo que quieren. No tenga miedo de negarle a su hijo, si sus deseos están en desacuerdo con las necesidades.
-Alimentarlos sanos y evitar los aperitivos.
-Pase una hora al día en la naturaleza.

-Inicie diariamente una cena familiar sin aparatos electrónicos.
-Juegue juegos de mesa.
-Cada día que el niño participe en tareas (doblar la ropa, limpiar los juguetes, colgar ropa, poner la mesa, y así sucesivamente. D.).
-Coloque al niño a la cama a la misma hora, no permita que el niño lleve a su cama aparatos eléctricos.

-Enseñe a los niños que sean responsables e independientes. No los proteja de pequeños fracasos. Esto les enseñará a superar los obstáculos de la vida:
-No doble, y no lleve la mochila por su hijo, no lleve a la escuela su comida / tareas olvidadas, no limpie el plátano por él.
-Enséñeles a hacer todo de manera independiente.
-Enséñele a ser paciente y permítale que tenga libertad de pasar tiempo solo, para que el niño tenga la oportunidad de aburrirse y mostrar sus impulsos creativos.

-No rodee al niño de entretenimiento permanente.
-No le entregue los juguetes electrónicos como cura para el aburrimiento.
-No fomentar el uso de aparatos durante la comida, en el carro, en un restaurante, en la tienda. Deje que el niño aprenda a dispersar el “aburrimiento”.
-Sea emocionalmente disponible, enseñe a sus niños habilidades sociales.

-No se distraiga con el teléfono, cuando habla con su niño.
-Enséñele a su hijo a lidiar con la ira y la irritación.
-Enseñe a su hijo a saludar, a ceder el asiento, compartir, simpatizar, modales en la mesa y la conversación.
-Mantenga la conexión emocional: sonría, bese, hágale cosquillas al bebé, léale, baile y salte con él.

Tenemos que cambiar a nuestros hijos, o solo criaremos a toda una generación dependiente de las píldoras. No es demasiado tarde, pero el tiempo se acaba…

¡Comparte este artículo con todos los padres y familiares!

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