Hombre adoptó a un cocodrilo herido y lo crio como su hijo. Fueron inseparables durante 20 años

Gilberto Shedden se apiadó del reptil cuando lo encontró con un balazo en su cabeza. Llevándolo a su casa, se preocupó de sanarlo y cuidarlo personalmente. Bautizado Pocho, el animal nunca se olvidó de sus gestos y fue su mascota.

Cuando pensamos en una mascota, generalmente nuestra mente se irá a un perro o un gato. Algunas personas tienen preferencias un poco más exóticas, yéndose quizás por un ave o un pez. Pero de seguro que nadie ha pensado que a la hora de buscar una mascota, la respuesta estaría en uno de los reptiles más intimidantes que existen en el planeta. Pero a veces resulta que no somos nosotros quienes elegimos a nuestras mascotas, sino que las circunstancia de vida son las que nos acercan. 

Así fue como le ocurrió a Gilberto Shedden con Pocho, nada menos que su cocodrilo mascota. Aunque mascota sería dejar de lado la impresionante historia que los llevó a unirse.

De profesión un pescador de Costa Rica, Gilberto estaba un día hace 20 años atrás realizando sus tareas diarias, cuando vio que en el ribera de un río había un animal en mal estado. Se trataba de un cocodrilo aun pequeño, pero que exhibía una grotesca herida en el centro de su rostro. Al acercarse a inspeccionarlo, Gilberto concluyó que el reptil había recibido una herida de bala.

A pesar de que se trataba de un reptil cargado de dientes y de una de las mandíbulas más fuertes del mundo, Gilberto no pudo evitar apiadarse del animal.

Llevándolo con él a su casa, Gilberto se encargó de alimentarlo, sanar su herida, y lo que él consideró más importante, darle amor y compañía día tras días. La cercanía del hombre con lo que a todas luces era un depredador altamente peligroso alertó a sus cercanos: su propia esposa decidió dejarlo, alegando que el hombre estaba pasando demasiado tiempo con el animal.

Pero Gilberto sabía algo que los demás no. El cocodrilo no solo se estaba recuperando, sino que estaba creando una relación muy cercana con su dueño.

Cuando consideró que el cocodrilo, a quien para esas alturas había renombrado como “Pocho”, ya se había recuperado lo suficiente para volver a su vida original, Gilberto lo llevó a un río y liberó. Lo que no se esperaba era que el animal apareciera en su casa a la mañana siguiente: había dormido en la entrada, esperando a su amigo.

Fue así como Gilberto tuvo que aceptar que su vínculo con Pocho no iría a ninguna parte. Consiguiendo los permisos adecuados, el pescador terminó por adoptar al cocodrilo, llevándolo a vivir a una boca de río cerca de su casa.

Gilberto visitó a Pocho los siguientes 20 años, convirtiendo sus juegos en un show que los turistas estaban de lo más dispuestos a ver y celebrar. La base de todo lo que hacían, eran las innegables muestras de afecto que Pocho le daba a quien era no solo su dueño, sino que también había sido su salvador.

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