La mexicana que desafió al sistema para “cazar” a quienes le arrebataron a su hija. Ella fue Miriam

Se disfrazó, tiñó su pelo, se hizo pasar por funcionaria electoral, encuestadora, trabajadora de salud y múltiples personalidades para encarcelar a los criminales. Con solo una pistola e identificaciones falsas, Miriam Rodríguez hizo lo que un escuadrón de detectives no pudo. Pero en 2017 se despidió de este mundo, cuando tres de los victimarios de su hija huyeron de la cárcel y fueron a buscarla.

Hay veces en que la justicia no es como uno se la espera. Se tiende a imaginar que las cosas saldrán bien, pero cuando el sistema de un país falla, lastimosamente cabe la posibilidad de que no se llegue a buen puerto.

Pueden existir situaciones donde a alguien le toca vivir una dolorosa tragedia en la que necesita que este derecho sea cumplido a la perfección y no se pone en práctica correctamente; es probable que nuevas reacciones aparezcan, como por ejemplo, pensar en tomar la justicia con las propias manos, donde las consecuencias finales pueden tener un desenlace catastrófico.

Esto le pasó a Miriam Rodríguez, una mujer mexicana de la ciudad de San Fernando, que retó a un sistema donde la impunidad criminal predomina y no se cumplen los derechos, una historia que deja en evidencia lo que está mal en un país. Ella sufrió la pérdida de una de sus hijas, Karen, a quien secuestraron y arrebataron la vida a la corta edad de 20 años.

Su heroica historia es relatada por el periodista Azam Ahmed de The New York Times en el reportaje titulado “Acechó a los asesinos de su hija por todo México, uno a uno”.

Rodríguez, como cualquier madre destruida e indignada por la indiferencia de quienes administran la justicia, no se quedó esperando de brazos cruzados que el tema se solucionara. Varios intentos por recuperarla fueron realizados y pagó rescates que nunca llegaron a completarse.

Lamentablemente, una mañana aceptó que Karen no regresaría a su regazo, pero no iba a desistir, inició su propia justicia. Salió a cazar y capturar a quienes le arrebataron la vida a su pequeña.

Era el año 2014, comenzó a rastrear a los responsables, quienes trataban de reconstruir su vida con otros quehaceres. La mujer empezó a practicarse cambios de apariencia, cortando su cabello, tiñéndoselo de otro color. Se hizo pasar por múltiples personalidades, entre estas, funcionaria electoral, encuestadora, trabajadora de salud y no fue en vano, respuestas obtuvo, todo el material recaudado era trasladado a su computadora guardada en maletín negro.

La mitad de los delincuentes del crimen ya estaba en prisión, por supuesto, no por la ayuda de la policía, sino por el mérito de Rodríguez, ya que por su implacable forma de actuar llegó a ellos.

Un vendedor fue uno de sus objetivos. Ella comenzó a importunarlo durante un año, vigilándolo en línea, hizo amistades con la parentela del criminal, sin que estos tuvieran una mínima idea de que quería dar con él. Una pista clave llegó a sus manos, una mujer viuda le realizó una llamada para contarle que en la frontera vendía flores.

Entre lo que encontró la mujer llegó a nombres, direcciones, analizó los hábitos, y comenzó relaciones con cercanos a los culpables, y con excusas inventadas por ella, llegaba a conocer a parte de sus familiares como abuelas y primos.

Ya teniendo conocimiento de la historia de vida del sujeto, como por ejemplo: sus costumbres, ciudad de origen, infancia, amistades y un detalle fundamental: previo a integrarse al “cartel de los zetas” y ser partícipe de la inhumanidad del rapto de la joven, el tipo vendía flores en la calle.

No lo pensó dos veces y fue tras él, se vistió con un impermeable encima de su pijama, junto a una gorra de beisbol y guardó el elemento más importante, una pistola. Posterior a esto se movió en dirección a la frontera. Examinó los puestos de los vendedores con el objetivo de visualizar flores, producto que el maleante vendía, sin embargo, de flores cambió a lentes de sol, ahora eso vendía. Emocionada por haber dado con la ubicación y por tenerlo enfrente su emoción se elevó y eso resultó en que la reconociera y escapara.

El hombre comenzó a correr con la ilusión de poder escapar, pero Rodríguez lo atrapó desde su camisa luchando con él, para luego dejarlo contra el barandal y ubicar el arma que llevaba con ella contra su espalda amenazándolo de apretar el gatillo si es que se movía. Fue alrededor de casi una hora el tiempo en que lo retuvo mientras esperaba que la policía llegara.

Pero el 10 de mayo de 2017, para el día de las madres, su marido quien estaba viendo televisión, la encontró sin vida frente a su casa después de que terminaran con su vida a tiros. Ella se encontraba tras uno de los últimos delincuentes.

La gente se apiadó de la lucha, se lo tomaron en serio y se indignaron por su fallecimiento, llegando a homenajearla con una placa de bronce en una plaza principal. La mujer marcó un antes y un después en la historia de la ciudad.

Ella también contribuyó en ayuda para familias que pasaron por una situación similar, fundando un grupo colectivo, del cual su hijo Luis, de 36 años, se ocupó.

Por desgracia, este tipo de situaciones no han terminado, el caso de Karen no ha sido el último. Se repitió la misma historia con otro joven llamado Luciano Leal Garza, de 14 años, secuestrado en una camioneta familiar, de igual manera en que lo vivió la hermana de Luis. Dos rescates fueron pagados por la familia, y se pedía justicia por él. Pero la familia no llegó lejos como Rodríguez, prefirieron mantenerse al margen.

Empatizar con la labor de esta madre es natural, fue un acto heroico para la memoria de su hija. Pero, hay que pensar con la cabeza fría, está bien desear que un delincuente que dañó de forma brutal a un ser querido pague caro su delito y con creces, pero no hay que olvidar lo principal, quien es capaz de quitarle la vida a alguien es una persona peligrosa. Esperamos que la justicia mejore, que la impunidad con la que quedan estos malhechores no siga y que tengan su respectivo castigo para así devolverle la tranquilidad a un mundo donde lamentablemente estas tragedias son frecuentes.

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