Periodista respondió a críticas por trabajar vendiendo comida: “Vergüenza da robar o ser mediocre”

Karla Villaroel, una joven comunicadora boliviana, fue discriminada por vender desayunos los fines de semana, para ayudar a su hermana. Ante ello, dijo: “Lo que importa son las ganas de salir adelante”.

Nadie merece ser discriminado y menos por trabajar. Recientemente una periodista boliviana fue víctima de ataques debido que, además de su labor de comunicadora, también se dedica a la venta de alimentos para conseguir más ingresos. Por ello, recibió comentarios despectivos en redes sociales.

Este es el caso de Karla Beahed Villaroel Vaca, una joven reportera que fue fotografiada en la calle mientras vendía desayunos, lo cual es su segunda ocupación y solo lo hace los fines de semana. Fue una mujer que la criticó y le preguntó si no sentía vergüenza, pero ella respondió a través de su cuenta en Facebook.

“No me da vergüenza, sin miedo al éxito. Así le respondí a la señorita que me escribió para burlarse de mí por vender empanadas y sándwiches los fines de semana. Ella me dijo de manera burlesca: ‘Qué pasó Karla, el periodismo no te da plata, tan bajo has llegado? ¿No te da vergüenza?’ Simplemente me reí y le dije la frase que esta al principio de este texto”, escribió la joven.

“Ahora yo le digo a ustedes pues no, esa no es la cuestión si da plata o no. Lo que importa son las ganas de salir adelante, vergüenza es robar, vergüenza es ser mediocre por burlarse de las ganas que tiene una persona de salir adelante buscando ingresos de manera honrada con sacrificio, sin hacerle daño a nadie y sin meterse en la vida de nadie”, añadió.

Karla, quien trabajan en la Cadena A Red Nacional, resaltó que ama su trabajo y que “si hay la posibilidad de hacer algo extra honestamente pues lo hago”. En conversación con El Deber, reveló que la idea de vender comida la tuvo al visitar un sitio cerca de su hogar durante una jornada de reportera y notar la falta de negocios de alimentos.

“En una de mis coberturas en los puntos masivos de vacunación me di cuenta que había mucha gente y que durante las mañanas no vendían nada. Ese día llegué de mi trabajo y para ayudar a mi hermana le dije que vendamos empanadas en la Escuela Militar de Ingeniería, que está a tres cuadras de mi casa. Entonces ella me pregunta si me daba vergüenza y le dije que no, y que yo haría sándwich”, expresó.

Desde lo ocurrido, la joven ha recibido apoyo de muchas personas.

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