¿Qué necesita un niño para ser feliz?

La felicidad es uno de los grandes temas de hoy en día en educación. Nos importa, nos interesa, pensar sobre ella nos ocupa tiempo a los padres de hoy en día. De una manera u otra todos queremos que nuestros hijos sean felices. La infancia es un periodo en que los padres estamos especialmente sensibles con este tema y en ocasiones nos preguntamos si lo estamos haciendo bien, si estamos haciendo todo lo posible para que nuestros pequeños sean felices.

Agatha Christie decía que una de las cosas más afortunadas que te pueden pasar en la vida es tener una infancia feliz. Ser feliz durante la infancia es un gran regalo para la persona que la ha vivido, de eso no hay duda, la cuestión es que en ocasiones existe cierta obsesión por la felicidad de los niños que nos lleva a tomar decisiones un tanto contraproducentes para la felicidad a corto y a largo plazo de nuestros hijos.  La felicidad en la infancia tiene mucho que ver con la sencillez, y hoy en día los niños tienen unas agendas bastantes cargadas y llenas de planes que superan con creces actividades que puedan tener algunos adultos.

La felicidad no tiene que ver con vivir sin dificultades o con tener muchas cosas o muchas actividades extraordinarias. La felicidad tiene más que ver son sentir emociones positivas y aprender a gestionar las emociones negativas de manera balanceada, con tener capacidad de gestionar nuestra realidad y sentirse bien con ello la mayor parte del tiempo.

Para ser feliz en la infancia un niño no necesita demasiado. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) ha establecido un decálogo para disfrutar de la crianza de nuestros hijos y ayudarles a tener una infancia feliz, y todas son muy sencillas de cumplir. Estas claves son:

Demuestra siempre a tu hijo lo importante que es para ti. Exprésale tu amor incondicional a cualquier edad con palabras, sonrisas y gestos: besos, abrazos, caricias, …

Cuida de su salud y ayúdale a crecer sano. Tú eres su modelo. Enséñale estilos de vida saludables en alimentación, actividad física, sueño, higiene, y también en cómo vivir sus emociones. Usa el sentido del humor.

Dedícale tiempo a diario. Juega y disfruta con él, sin dirigir mucho sus gustos o preferencias. Procura que tenga tiempo libre, a su aire. Y disfrutad juntos de la naturaleza.

No hace falta acumular cosas materiales. El tiempo que le dediques, la educación y los valores que le trasmitas serán tu mejor herencia.

Educa con cariño. Elogia lo que hace bien y también los esfuerzos por intentarlo. Ponle normas que pueda y deba cumplir: pocas, claras y adaptadas a cada edad. Enséñale lo que está mal, sin violencia, castigo ni humillación.

Estimula y apoya su aprendizaje. Fomenta su autonomía desde pequeño para las actividades cotidianas, como vestirse, lavarse o comer. No le des todo hecho. Es bueno que poco a poco vaya teniendo sus responsabilidades.

Escucha y dialoga con tu hijo desde pequeño. Muestra interés por su mundo, adáptate a los cambios normales de cada edad y acéptalo y valóralo como es: único y diferente a los demás.

Trasmítele seguridad, tranquilidad, confianza. No fomentes miedos artificiales, apóyale y ayúdale a entender sus propias emociones. Así fortalecerá su autoestima, su motivación y capacidades.

Déjale ser niño. No le hagas partícipe antes de tiempo de las preocupaciones de los adultos. Pero no le ocultes los hechos importantes de la vida. Enséñale y ayúdale a entender que la enfermedad, el dolor o la muerte existen y forman parte de ella.

Favorece las relaciones con la familia y los amigos. Lo acompañarán a lo largo de su vida. Ayúdale a ponerse en el lugar de los otros. Aprenderá a convivir y amar.

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